En El Salvador Rural, una familia que vive con US$ 1,90 al día puede vivir en una casa precaria, con suelo de tierra, paredes delgadas y sin agua potable. El año que viene, docenas de esas familias se van a convertir en una de las primeras comunidades con casa impresas en 3D.

New Story, una organización sin fines de lucro de Silicon Valley, tiene unos líderes que han invertidos los últimos años en repensar cómo construir casas seguras para aquellos que viven en extrema pobreza. Junto con Icon, una compañía de construcción tecnológica, desarrollaron una impresora 3D que puede construir una casa al día, por aproximadamente US$ 4.000. La impresora, llamada Vulcan, fue presentada en SXSW junto con una casa impresa que ahora está en un patio trasero en Austin.

Mientras que otras startups también están trabajando con tecnología 3D para imprimir casas, por lo general su objetivo es una clientela acaudalada, no las personas viviendo en las peores condiciones del mundo. “Pensamos ‘muy bien, ¿qué tal si los billones en el fondo no fueran los últimos en recibir esta tecnología, sino los primeros?” explica el CEO, Brett Hagler. “Tenía sentido para nosotros tratar de ir más allá de lo que está pasando en Estados Unidos, porque nuestras casas son simples”.

Anteriormente, New Story había trabajado para construir casas baratas en lugares como Haití, donde los esfuerzos vacilaron luego del terremoto de 2010. Sin embargo, la organización se percató de que incluso los procesos más eficientes de construcción tradicional no podían suplir las casas necesarias. “Pensamos, ¿cómo se vería tener más de un avance exponencial para un reto como este?” dice Hagler. El equipo se planteó tres objetivos: Primero, querían reducir el costo de construir una casa, a pesar de que las casas que estaban construyendo -con paredes de concreto y un diseño sencillo- ya eran baratas, costando US$ 6.500. También querían acelerar la construcción y mejorar la calidad final de la casa.

Después de 7 meses investigando varias maneras de resolver el triple desafío de diseño, llegaron a la impresión 3D. La primera vez que escucharon de la tecnología, Hegler comenta “Éramos muy escépticos respecto a la viabilidad. Hicimos una investigación profunda y diligente para descubrir que de hecho podría resolver nuestras preguntas de diseño.” Esta casa impresa podría costar eventualmente tan poco como US$ 3.500, y mientras las casas que construye la organización actualmente toman entre 13 y 20 días para estar completas, las versiones impresas estarán listas de 12 a 24 horas. Ya que es software de construcción, es posible ofrecer a las familias distintas opciones de diseño dependiendo del tamaño del grupo. También es posible iterar en los diseños al hacer cambios en el software.

El hardware de la nueva impresora es similar al de otros equipos en desarrollo, pero está construido para entrar en un camión para ser transportado a regiones rurales, y es durable para poder sobrevivir largos viajes y condiciones hostiles. La impresora usa un mortero que se puede encontrar en cualquier lugar, y los cimientos del concreto son los mismos que New Stories ha estado utilizando en sus casas originales en áreas remotas. “La gran diferencia entre el mundo desarrollado y el mundo en desarrollo es que tienes un set de materiales más limitado para trabajar” dice Jason Ballard, cofundador de Icon Technologies. “En primer lugar, debido al acceso, hay que restringir la mezcla de materiales a aquellos que puedes encontrar con facilidad en todo el mundo. Y debes evitar los materiales caros.”
La impresora, ubicada en rieles, expulsa el material de cimiento de concreto en capas para construir pisos y paredes, que se endurecen mientras la obra avanza, para construir una casa de 55 a 74 metros cuadrados, con dos habitaciones, una cocina y un baño: El resultado es eficiente en niveles de conservación de energía y resistente a tormentas. “Hay problemas fundamentales con la construcción de bajos recursos que la impresión en 3D soluciona, además del costo” indica Ballard. “Tienes gran masa térmica y envoltorio térmico, lo que hace mucho más eficiente en términos de energía. Es mucho más resistente.”


El proceso requiere menos trabajo que la construcción tradicional: cada casa puede ser ensamblada por 2 o 4 obreros. Para New Story, que ha utilizado la construcción como una forma de proveer de trabajos a locales en el pasado, fue algo con lo que combatieron un poco, pero “debemos mantenernos enfocados en nuestra misión primaria, que es trabajar con las familias que están viviendo en las peores condiciones, sin un refugio, y cambiar eso”. También se dieron cuenta de que si pueden alcanzar su costo objetivo, pueden duplicar o triplicar las casas que construyen. A pesar de que cada casa requiere menos labor individual, el proceso seguirá generando empleos.
“También estás suministrando un trabajo técnico avanzado, que ahora mismo no hacemos en realidad” explica “Creemos que esto mejorará las condiciones de los trabajadores para lo que pasará en los próximos 10, 20 años con la AI y los robots. Sería asombroso si la gente de nuestras comunidades ya supiera trabajar con estas cosas.”

En Austin, el equipo imprimió en 3D la primera casa en el patio de una casa convertida que sirve como oficina compartida con Icon y un arquitecto y desarrollador.. El equipo de Icon piensa usar esta casa impresa como oficina, para saber lo que se siente pasar largos periodos de tiempo en el espacio, y modificar el diseño como sea necesario.  El equipo también hará mejoras a nivel de ingeniería a la impresora, y realizará pruebas para asegurar su resistencia a terremotos, aunque la casa de Austin es la primera en seguir los estándares de calidad y construcción de Estados Unidos. Más adelante este 2018, llevarán la impresora a El Salvador, donde imprimiran casas de prueba antes de pasar a una comunidad de 50 casas.
Si todo va de acuerdo al plan, New Stories piensa mudarse totalmente a la impresión 3D. El equipo tiene una visión para llevar las impresoras de comunidad en comunidad a distintos países del globo. También planea compartir la tecnología con otros. “Idealmente podríamos pasar de miles de personas a millones de personas alrededor del mundo si permitimos que otras fundaciones y gobiernos utilicen esta tecnología” explica Hagler. “Ese es el gran objetivo, porque nuestra meta es impactar todas las familias que podamos.” El equipo espera poder vender las impresoras a bajo costo, tal vez menos de US$ 100.000; y aunque la longevidad del aparato aún no ha sido probada, estiman que una sola impresora puede producir al menos 1.000 casas.

 

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