De todo un poco

¡Atrapen al pirata!

La piratería está a la orden del día. Sin necesidad de ir a la Salada, y con solo recorrer cualquier barrio de Buenos Aires podemos encontrar ropa, cds, software, música, relojes… en fin. Todo lo que imaginemos, vendido ilegalmente.
En el modelo de pensamiento del siglo XX, la discusión se cernía a definir con qué estrategia debían atraparse a los ladrones o los contrabandistas. El emblemático Eliot Ness fue, sin dudas, uno de los referentes contra el contrabando de alcohol en los Estados Unidos de los años ´30. Pero ese modelo, que parece estar solo en las películas, hoy sigue vigente. Y, día a día, nos encontramos con decenas procedimientos como estos para combatir el mal.

Como es lógico, desde estas páginas estamos del lado del bien, y no alentamos el comercio ilegal. Pero, en un sentido, debemos ponernos del lado del mal (o al menos de quienes lo consumen) para entender los posibles caminos de solución al problema de la piratería.

¿Qué piensa el que compra “trucho”? Lejos del “dilema moral” de si está bien o mal comprar un producto, la lógica imperante es: “¿por qué pagar de más, si puedo conseguir una copia exacta por un precio mucho menor?”. Y eso es por lo menos lógico.

Por supuesto, no es lo mismo comprar indumentaria falsa (la calidad no es la misma, evidentemente), que música ilegal (donde la copia es exactamente igual que la original). Los invito a que nos detengamos un minuto en el segundo ejemplo (el de la música), cuyo ejemplo podría aplicarse a la piratería en otros rubros como películas o software, aunque con algunos atenuantes.

La pregunta es: ¿cuál es el valor de comprar original? Y es allí es donde los marketineros deben trabajar. Es decir, debemos entender a los consumidores, no castigarlos.

Un ejemplo no tan nuevo, pero siempre vigente es del de la banda Radiohead, que hace un año y medio (octubre de 2007) lanzó su trabajo “In Rainbows”. Y no es casual que diga su trabajo y no su disco, ya que este material fue puesto on line en la página www.inraibows.com, desde donde podía ser descargado en forma gratuita.

Al clickear el botón “download”, la web invitaba al usuario a donar lo que consideraba valía este trabajo. Una especie de donación “a la gorra”. Como era evidente, la mayoría lo descargó sin donar un solo centavo. Pero el 38% de los usuarios, decidieron aportar a la causa, con un precio promedio de 7 dólares por donante.

Sumando la comercialización en este formato, más Itunes y otros portales de descarga pagos, Radiohead vendió… 3 millones de Cds, contra 1 millón que había vendido sumando todos sus discos anteriores con el formato tradicional. Todo esto, sin campaña publicitaria ni una compañía discográfica detrás.

Pero la historia no termina aquí: entre todos los registrados, la banda ofreció una edición limitada (que costaba “solo” 60 €) gracias a la cual los fanáticos también podían tener –ahora sí- el CD en su formato clásico. Lógicamente, editado por un sello independiente.

La acción a la que llamaron “Pay what you want!” logró resolver en buena medida el problema que hoy sigue teniendo la industria de la música del siglo XX. Con la lógica 2.0, donde la colaboración y la honestidad rigen las acciones de los cibernautas, la solución parecería estar más cerca.

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