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Las matemáticas de la creatividad (Volumen 2)

(Previously on Interactivity) En el capítulo anterior, Fede nos contaba sus primeros grandes desafíos con las matemáticas y sus primeras peleas con sus maestros, que lo llevaron a ser quien es hoy: alguien que definitivamente no vive de los números, pero sí de las ideas. En el capítulo final de “Las matemáticas de la creatividad”, Fede García demuestra lo claro que la tiene con los dos temas que lo apasionan (aparte de la música y el squash) y saca de la galera una fórmula que te va a dejar pensando. Bueno, eso es lo que va a intentar, a ver si lo logra. Con ustedes, el fin de la historia

 

Para justificar porqué este post se llama “Las matemáticas de la creatividad”, tengo que volver al punto inicial y, de paso, pedir disculpas por la violenta, extensa e irrelevante tangente que tomé con la anécdota de Mabel.

Lo cierto es que lo mucho o poco que hice en el mundo de la creatividad, fue gracias a los números. Porque lo primero que entendí de la creatividad, son sus matemáticas.

Las matematicas de la creatividad

Les dejo acá la fórmula original, manuscrita. Vía ebay.jp pueden conseguir réplicas originales autografiadas por unos miles de yenes.

 

Mi primera observación es que a diferencia de las matemáticas, la creatividad no tiene un resultado final cierto. Si dos más dos son cuatro para el resto del mundo, para nosotros puede ser nueve, veinticinco, o quinientos dos. Ninguno será el correcto y definitivo, pero entiendo que cuantos más resultados encontremos, más chances tenemos de elegir el mejor. Funciona de la misma manera en la creatividad.

No puedo demostrarlo en forma empírica, pero en la práctica la conclusión es invariable. Matemáticamente hablando, un axioma: a más ideas generadas, más chances de encontrar el éxito. Lo llamo ‘El Axioma de Lupy’. Podría aquí contarles que tomo el apellido de un matemático yugoslavo de 1753 para darle nombre al axioma, pero no quiero aquí faltar a la verdad. Lupy es el nombre artístico de Hernán Stambulsky, 29 años, encargado de Totín Parrilla (prima-hermana de la legendaria ‘Lo de Charly’) y amigo que quien suscribe. Lupy, el gordo Lupy, es un cómico, un gracioso, de esos tipos que critica pero jamás hace y que se siente mejor que el resto pero jamás demuestra. Pero donde sí hace lo que dice y dice lo que hace, donde demuestra por demás, es en la noche. No muy alto, de contextura física bastante excedida, y fallando invariablemente en el constante intento de vestir con onda, en el ámbito nocturno no conoce la derrota. No conoce la derrota posta. P-O-S-T-A. “Me estás jodiendo”, me decís si te lo presento. No, no te jodo. Una noche, un gol. No le pidas lujos, no le pidas que se la pique al arquero, no le pidas que la clave en un ángulo. Pero como él bien dice, gol es gol. Y siempre, pero siempre, hay gol. SIEMPRE. Así me revelaba sus conocimientos él, un sabio en el arte de la conquista femenina, a mí, un rústico, un verde, un amateur: “Gordo, esto es muy simple. Tenés que encarar 100 minas, una te tiene que dar bola. Más encarás, más chances tenés de ponerla.” Funciona igual en la creatividad. Sin quererlo, Lupy también descubría a la vez un factor que aplica perfectamente a nuestra profesión: todos tenemos un coeficiente que mide el ratio entre ideas y buenas ideas. O entre minas encaradas y victorias. Yo digo que el mío es 1/100 (hablo de ideas, no de minas – ojalá fuera de minas, Mames bien sabe de que hablo). Una idea prometedora de cada 100 que se me ocurren. En otros casos, más talentosos que uno, el ratio será de 1/50, 1/25 o 1/10. Pero el ratio existe. Del axioma de Lupy se desprende así ‘El Ratio de Lupy”, que será parte de la fórmula matemática que les permitirá a todos ustedes, humildes lectores, llegar a la gloria creativa (y a la nocturna también, por qué no).

La segunda parte de nuestra fórmula la descubro en mi juventud, leyendo una nota en la que, si mal no recuerdo, Pedro Marcet describía las capacidades creativas del entonces jovencísimo Carlos Bacetti: “Carlos tira 100 ideas por minuto. 99 son un disparate. Una es brillante.” Jamás reparé en los 99 disparates. Lo único que mi cabeza entendía era 100 ideas por minuto, 6.000 por hora, 12.000 al día, asumiendo que de laburo neto diario son dos horas y el resto es ocio creativo (lo que se dice pelotudear, hablando lisa y llanamente). Mirá todo lo que el tipo te daba para elegir. Ahí entendí por qué Bacetti es Bacetti, y entendí también la segunda parte de la fórmula, un nuevo factor, un nuevo ratio, que habla de la cantidad de ideas (buenas o malas, no importa) que uno es capaz de producir en un tiempo determinado. A este resultado, que afecta a lo que ya conocemos como ‘Ratio de Lupy’, lo llamaremos el ‘Cociente Bacetti’.

Para pasar en limpio: si multiplicamos el Ratio de Lupy por el cociente Bacetti, podemos descubrir la cantidad de ideas que un creativo puede llegar a tirar promedio por día. Cuanto más alto sea cualquiera de los dos factores de la fórmula, mayor cantidad de ideas –y más chances de llegar a una idea brillante, si nos atenemos a los parámetros dictados por el Axioma de Lupy. Poniéndolo en los términos de este brillante pensador de la noche: si mi Ratio de Lupy a nivel encare es 1/50 (jamás en la vida pero seamos complacientes) pero mi Cociente Bacetti es de un encare al año (1/365d), el resultado es lógicamente el sufro y vivo hoy en día: virgen a los 37.

Esta fórmula da como resultado lo que el común de la gente conoce como talento. Es eso con lo que nacemos, con lo que venimos, lo que nos es dado. Nadie puede modificar a voluntad lo genial que es. Se puede entrenar con el tiempo y se puede mejorar, sí, claro que sí, pero hay algo que es innato.

Pero a no desesperar, porque existe un tercer factor: uno que afecta la fórmula de manera absoluta y definitiva, probablemente el más importante de todos. ¿Por qué? Porque es el único que sí se puede modificar e incrementar a voluntad. Es el que se conoce mundialmente como ‘Horas-Orto’. Y esto sí lo voy a demostrar matemáticamente, tomando el exageradísimo ejemplo de Bacetti: con un RDL (Ratio de Lupy) de 1/100 y un CB (Coeficiente Bacetti) de 12000/1d (12.000 ideas por día), obtenemos como resultado la friolera de 120 buenas ideas por día (2 Horas-Orto). Supongamos que si cualquiera de nosotros alcanza un máximo de una buena idea por día, nos bastarían 242 HO para superar al gran Carlitos. Es por eso que las HO son definitivamente el factor más importante de la ecuación: completamente dentro de nuestro control, podemos incrementarlo indefinidamente (o por lo menos hasta que el cliente y los cuentas nos lo permitan) hasta tornar irrelevantes a los otros dos factores. Tomando prestada la poesía de otro gran filósofo argentino, el inspiradísimo Jacobo Winograd, podemos de manera fehaciente asumir que ESFUERZO MATA TALENTO. Quod erat demonstrandum (queda así demostrado). Y si no, que me lo venga a discutir Paenza.

 

PD1: Ya siendo un redactor con unos cuantos años de experiencia, entro a una oficina y un tipo, así de la nada, sin motivo alguno, me pregunta: ¿Fede, 93 por 7? En menos de lo que dura un suspiro contesto sin siquiera pensarlo: ‘651’. Me sentí Rain Man. También, por no haber largado todo a la mierda en ese instante para dedicarme a contador, un flor de boludo.

PD2: Pido perdón a todos lo matemáticos por todas las burradas que pude haber dicho y al mismo tiempo por el uso absolutamente errado que hago del vocabulario.

PD3: Pueden acercarse cualquier mediodía a Totín, preguntar por Lupy y exigir la promo TopFiveRecords. Alvarez Thomas y Avenida de los Incas (precios accesibles). Chicas, ojo.

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  • Marina says:

    Me quedo con la 2da. parte de la historia y me llevo la fórmula para ponerla en práctica. EXCELENTE

    P/D: una pena que no haya resuelto mi operación matemática, yo le denomino “uso cotidiano del pensamiento lateral”. 🙂

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