Nuestro amigo @topfiverecords escribe desde Tokyo y hace catarsis por la profesión que reúne a muchos de los lectores de este sitio. Ser creativo no es fácil, dice. Y le pega fuerte al medio.

Fuente: Becore.com

Diez y media de la noche de Tokyo. Acabo de terminar de comer unas argentinísimas empanadas y de tomarme un argentinísimo Malbec como cena. Debería estar feliz. Más que feliz. Pero no, no puedo con mi genio. Estoy caliente. Muy caliente. Tengo una de esas calenturas que sólo te puede provocar hago que querés mucho. Algo que amás.

Me acuerdo de esa famosa frase de (creo) Confucio que decía algo así como “elegí un trabajo que ames y no vas a tener que trabajar nunca más en tu vida”. Así me crié, así crecí y así pensé toda mi vida. Que uno tiene que encontrar un trabajo que lo apasione, que lo llene, que la guita es lo de menos y que si lo primero está, lo segundo no importa. Que si amamos lo que hacemos, que si nos apasionamos por lo que hacemos, vamos a ser felices. Y que si así vivimos nuestro trabajo (nuestra vida), nos convertiremos en mejores profesionales. Y que si eso sucede, la guita no importa. La guita viene sola.

Muy caliente les decía. Y así escribo escribo esto, en caliente. Sin pensarlo, sin meditarlo, sin corregirlo o reescribirlo, pero con la única tranquilidad de que en Japón son pocos los que leen español y de que este querido blog, con su respetadísimo nivel de audiencia, todavía no ha desplegado un alcance suficiente como para hacer mella por estos lares. Sí, podría decirse que escribo con cobardía también. Con miedo. Con el miedo que me da perder un trabajo cuando todo lo que me dice el corazón es que me vaya dando un portazo, a ver si haciendo un poco de ruido tal vez entiendan. Escribo con bronca también. Escribo con tristeza. Esa que te da ver que la profesión que elegiste por inspiradora lentamente se fue transformando en un refugio de timoratos. Siento que pasé de trabajar en el mundo de las ideas a trabajar en el mundo de los ̈sí, señor”, “cómo no, señor”, “por supuesto, señor”. Una tierra de nadie, una tierra gobernada por el temor, por las fórmulas, por los testeos. Una tierra donde por cada Gorilla de Cadbury, por cada 1984 de Apple, por cada Think Small de Volkswagen, hay cientos sino miles de “el branding me da un 2% debajo del benchmark establecido por el headquarter así que arranquemos el comercial con dos segundos de placa negra y el logo”. True story.

Cuando yo empecé en todo esto, este todavía era el mundo de los Agulla, de los Baccetti, de los Bayala, de los Ponce. Y por eso me decidí a trabajar de esto. Porque cuando prendía la tele me moría de ganas de ser yo el de la nena de Hellman’s o el de China ataca Kamchatka de Mimitos. Y como yo, otras miles almas que se rompían el culo día a día en la facultad o el trabajo para convertirse en uno de ellos. Pero no. Porque después de 20 años de carrera, de una carrera que alguno que otro podría calificar de exitosa, soy el pelotudo que se tiene que parar adelante de un auditorio de ejecutivos (¿colegas de la profesión?) para explicarles por qué se hace imposible contar una linda historia en un comercial de 15 segundos que ya tiene (por ahora) 8 segundos de secuencias de producto. El pelotudo que va un domingo a editar un animatic que tiene que ser aprobado por una división para que pueda aprobarlo otra división, para poder entonces mandarlo a un pretesteo que va a servir para ajustarlo antes de mandar al testeo definitivo antes de que se filme, para después editar y testear el offline para ajustar el online y volver a testear a ver si cumple con los estándares internacionales para salir al aire. Sí, ya sé, a veces peco de exagerar, de darle color a las cosas cuando escribo. Les pido perdón, pero créanme que esta vez, no exageré ni un uno por ciento. Les juro por dios que pasé por cada una de esas instancias. Literalmente. Es más, hasta me salteé una: esa en que un cliente, para no tener que elegir qué guión le gustaba más de los presentados, decidió mandarlos todos a testera (DOS VECES) a ver cual daba mejor.

Ya lo decidí: a partir del lunes que viene voy a ir a trabajar de traje. Porque ponerme una remera, un jean y un par de zapatillas es para gente que hace otra cosa. Es para creativos, pero creativos de verdad. Esos que dejan el culo en la silla pensando en una nueva idea para aportarle a este mundo. Esos que le tienen confianza bárbara a su producto y lo lanzan al mundo sin miramientos, con una fe ciega, unos huevos de oro y ningún tipo de testeos. Esos que van siempre a tratar de clavarla en el ángulo, aunque alguna que otra vez les toque tirarla a la tribuna. Esos que hacen creatividad de verdad. Esos que cambian el mundo. Esos que están tratando de inventar el próximo Netflix, el próximo iPhone, el próximo Facebook. Esos que no testean, los que se animan, los que no le escapan al miedo. Los que ponen a un Felix Baumgartner a saltar desde la estratosfera a ver que pasa. Dejemos entonces los jeans y las zapatillas para ellos. Nosotros bajemos los pies de escritorio, guardemos los muñequitos en los cajones y pongámonos el traje (si nos queda). Porque la publicidad se está transformando lentamente la tierra de “el que no apuesta no gana pero tampoco pierde”. En la tierra del “puntito inteligente”. En la tierra de los que patean el penal fuerte al medio para no arriesgar el gol. Cuando hasta hace no mucho tiempo hacer un gol de penal no era digno de festejarse, hoy picársela al arquero pareciera ser un insulto a la afición.

A veces trato de creer que Confucio estaba equivocado. Que yo estoy equivocado. Que esto no debería ser más que un laburo que hacemos de nueve a seis para pagar las cuentas. Y que si lo pensara así me amargaría menos. Que sería un poco más feliz. Que tendría más pelo. Pero a veces también pienso que ningún comercial creado para superar benchmark del testeo cambió la historia de niguna marca. Que Felix, Gorilla, VW o 1984 no hubieran aprobado jamás un testeo. Que nunca nadie en una discusión futbolera rememoró un empate. Y que #LosHuevosDeAbreu no hubieran sido trending topic en ningún lado si el penal lo pateaba fuerte al medio.

PD: errores de ortografía, sintaxis y demases, charlarlo con el Malbec.

“Fuerte al medio” salió primero en Interactivity

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